Mentiras

PR08_GLASS_130213_PABLOESCRIBÁ

En “El precio de la verdad” encontramos la historia de Stephen Glass. Este ‘fabulista’ como él mismo de denomina en su primer libro, engaño a de The New Republic y a todos sus lectores en 27 de los 41 artículos publicados por la prestigiosa revista política. El periodista Adam Penenberg fue el que desenmascaró a Glass investigando las fuentes del artículo “Hack Heaven”.

Adam Penenberg comenzó un exhaustivo trabajo de investigación (como vemos en la película) buscando una por una las fuentes que Glass citaba en “Hack Heaven”. No tardó mucho en comprender que estaba ante un historia inventada. Se puso en contacto con el director de New Republic, Charles Lane, para ir contrastando las fuentes, convenciéndolo, que en realidad nadie había timado a Stephen sino que fue Glass quién invento toda la historia. Finalmente, Lane consiguió que Glass reconociese que con la ayuda de su hermano creo una página web y un mensaje en el contestador de un teléfono para intentar demostrar que sus fuentes eran reales.

Adam Penenberg publicó, Lies, damn lies and fiction desenmascarando a Glass y cambiando por completo el concepto que la gente tenía de los medios online. Como el mismo dice “los periodistas online tenían mala prensa  por parte de los medios impresos. Pero la verdad es que el mal periodismo se puede encontrar en cualquier lugar. No es el medio, es el escritor.

stephen-glassConclusiones críticas:

Sorprende la valentía de la redacción de The New Republic y de su director Charles Lane, a la hora de comunicar a sus lectores las invenciones de Stephen Glass. No recuerdo un momento en que en la película alguna de estas personas dude en que hay que reconocer inmediatamente  lo ocurrido, a pesar de lo que supondrá para la publicación, pues queda en evidencia ante todo su público y ante la competencia. Por ello, es admirable la honradez de esas personas, ya que en vez de pensar exclusivamente en los resultados económicos, apostaron por reconocer el error y dar la imagen de un periodismo transparente que busca contar realidades.

Es asombroso que ningún miembro de la redacción se cuestionara la autenticidad de los artículos de Glass. En la película se escudan en que no habían dudado ningún momento de sus historias por el simple hecho de que les parecía un tipo gracioso. ¿Pero tan ocupados estaban en esa redacción que no les picaba la curiosidad para indagar un poco más en los temas que Glass contaba en sus artículos? Creo que por el simple hecho de ser un compañero de redacción, incumplían unos de los principios del periodismo, contrastar la información. Pues esto tiene que estar innato en cualquier periodista, ya que aunque leas un periódico afín a tu ideología, no puedes dejar de consultar otros para crear tu propia opinión.

Stephen Glass demuestra una falta total de valores. ¿Qué tipo de persona puede defender unas ideas, que ni él mismo cumple? Esto es igual que cuando alguien denuncia un caso y concluye diciendo: “Que si yo pudiera también lo haría”. ¡Entonces de que te estas quejando! La hipocresía de la que hace gala Glass, cuando durante toda la película inculca a sus compañeros los métodos para contratar fuentes y citas es odiosa. Por suerte el protagonista queda retratado al final del film. Y no solo en este aspecto, ya que además es un mentiroso compulsivo, a no ser que por la carga de trabajo tenga una visión surrealista de las cosas. Porque si no es imposible explicar las quejar ante su antiguo director y sus compañeros, de que el nuevo director de The New Republic tiene un conflicto personal con él. Por suerte para el espectador, queda claro que en realidad es un mentiroso viendo las justificaciones que le da a Charles Lane sobre los sitios donde se realizó la convención y la posterior comida.

Otra cosa que llama la atención es la unión que existe en la redacción tanto con el antiguo director, como después de descubrir el escándalo de Glass con Charles Lane. Creo que independientemente de que en la redacción de The New Republic ocurriera esto, a todo el mundo le gustaría trabajar en una lugar con ese ambiente donde prima el compañerismo.

Como última conclusión, me ha llamado la atención el seguimiento que hay en los medios estadounidenses de la competencia, no solo en su contenido, sino también en sus fuentes. No sé hasta qué punto llega esto y si en España se hace algo parecido. Lo que queda claro es que en nuestro país, ante la falta de un colegio profesional de periodistas, esto sería un buen método para denunciar la manipulación de algunos medios y periodistas.

¿Rigor, verificación y buen periodismo son sinónimo de medios tradicionales?

No creo que haya debate sobre este tema, la manipulación existe en todas las plataformas. Muestra de ello, es la reciente portada en la edición en papel de El País. El diario más vendido en España decidió publicar una supuesta fotografía de Hugo Chávez en el quirófano, cuando en realidad el individuo de la foto no era el difunto presidente. Tampoco hay que olvidar el caso del fuera de juego del AS. Este periódico manipulo una fotografía en su edición online para mostrar un fuera de juego que en realidad no existía.

Por lo que ni el papel, ni internet están exentos de mentir. Como dice Penenberg: “No es el medio, es el escritor”. Y precisamente la mentira es algo que perseguirá a Stephen Glass todo su vida, pues no solo acabo con su carrera de periodista, sino que ha sido el principal impedimento por el que ha tardado trece años en conseguir la licencia de abogado.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s