El fin del puño y letra

PR_VOL_23/10/2012_ChristianGiner  Christian Giner García

Internet marca el nacimiento de una nueva historia en el campo de la información. Nuevas características surgen cada día y se requiere que el periodista esté capacitado con las habilidades técnicas para enfrentar dichos desafíos y no quedarse obsoleto. El periodismo ha dejado a un lado su estancamiento tradicional para ingresar a las filas de la vanguardia tecnológica, y ha dado como resultado el auge del periodismo digital, lo que trae como consecuencias, positivas en su mayoría, la exigencia de cambios en el perfil profesional; conviertiendo a los especialistas de la comunicación en individuos multitarea capaces de desempeñar diferentes funciones de la mano de la innovación.

El periodismo digital, seamos francos, ha cocinado su propio estilo: inmediatez, interactividad o hipertextualiad son algunas de las características más jugosas de este nuevo servicio. La nueva conyuntura económica ha cambiado el guión, ha obligado a las empresas a modificar su modelo de negocio y abaratar costes – muchos de ellos han llegado tras lamentables reducciones en plantilla – pero otros han permitido descubrir un nuevo abanico de posibilidades mucho más profundas que las estipuladas por el inmovilismno tradicional de los periódicos. En una época de cambios, es necesario cambiar.

Y el cambio, aunque acabe con el romanticismo de los que amamos el papel y esté lleno de los baches propios de una carretera que es precisa asfaltar de nuevo, será a la postre la mejor de las oportunidades.  Con el declive del puño y letra, quizás sea este el momento para ofrecer calidad a aquellos lectores fieles que piensan que los medios de comunicación son un patrimonio que se ha de conservar y, por tanto, estén dispuestos a pagar un precio justo por cantidades ilimitadas de información que aprovechar de forma más confortable y moderna.

Ese producto puesto encima de la mesa es Orbyt, el primer quiosco virtual que ofrece acceso a todo los productos de los grupos Zeta y Unidad Editorial – de momento – como si de su formato en papel se tratara, es decir, mismo contenido pero a un precio más razonable y con una comodidad  mayor que la que puede dar de si un periódico tradicional. El servicio, que todavía está desarrollándose, es interesante pero todavía le faltan numerosos matices por pulir. La información gratuita en la web sigue siendo el gran dominador y no parece que se este estancando, más bien todo lo contrario, aumenta con el paso del tiempo.

En primer lugar, por motivos económicos, debido al alto porcentaje de contenido a coste cero que ofrece la red; en segundo lugar, por razones de hemeroteca (se pueden buscar noticias de fechas anteriores) y, en tercer lugar, por la capacidad de configurar el producto en función de las preferencias del lector. Es decir, todo lo que oferta actualmente Orbyt a un módico precio, ya lo hace la prensa digital sin pedir un sólo euro, y ese el verdadero lastre de este producto: no oferta ningún valor añadido que incentive su uso. Tan solo parece que le haya comido terreno al papel con el formato multimedia, pero no a la web, que ofrece una mayor dosis de información y actualización, y a la que también se puede acceder en cualquier momento del día sin importar hora o lugar.

Otro de los impedimentos de este proyecto, que no es otra cosa que estimular el ciberperiodismo de pago, es que se enfrenta ante su gran adversario en las mismas plataformas de apoyo: Internet y móvil. Dos herramientas que acaparan la totalidad de la prensa digital gratuita y han hecho capaz su creación, progreso y desarrollo. Competir con esta premisa, con la política de ahorro de la sociedad española y con el ya conocido fracaso del diario El País cuando intentó cobrar por sus contenidos a los usuarios no parece el mejor marco para desarrollar una idea que, si bien no parece vaya a mejorar la salud de los medios, acercará al papel cada vez más al borde del abismo.

Puede ser la única lectura clara que se obtenga tras la lectura del artículo de Pedro J. Ramírez, que no es si no una de las tantas campañas de promoción que El Mundo viene realizando a favor de Orbyt desde su puesta en marcha,  el fin de la prensa escrita. Una idea que parece sonar cada vez con más fuerza a medida que avanza la tecnología y aparecen nuevas aplicaciones.

Una prensa escrita a la que no le queda nada que ofrecer, oxidada y a la que cada día le surgen alternativas más baratas, accesibles e interactivas que mejoran la participación ciudadana y permiten establecer nuevos nichos de mercado para una publicidad personalizada y tremendamente televisiva.

Con la aparición del ciberperiodismo de pago se estrecha el cerco, el papel cuenta las horas para ser devuelto a la papelera.

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